
Ayer un servidor fue al estreno del documental de Michael Jackson.
Un film de unas 2 horas que muestra la calidad artística que el Rey tenía, esparcía por doquier y, sobre todo, exigía. La película muestra a un Michael exigente, trabajador y, sobre todo, sencillo y respetuoso que pedía la perfección como condición mínima.
Obviamente, aunque no haga falta decirlo, la B.S.O es inmejorable: todos sus exitos más afamados remasterizados, regrabados (este es el caso del álbum, en la película son todo directos) y con ligeros cambios.
Pero ¿qué puede haber mejor que oír a Michael cantar sus hitos? Es fácil: bailarlos a la vez. Y esque el icono no ha perdido: su
moonwalk, sus sacudida de pelvis y sus gestos siguen siendo los mismos del artista que conocemos de hace 25 años: contundentes, seguros, imponentes.
Imponer, eso es lo que hace Michael... y no por su carácter de divo ni por su mal humor, sino por su calidad. Tal y como decía su banda y sus bailarines, cuando bailaban/tocaban/cantaban para él, además de sentir que su vida estaba completa, sentían una presión infinita, pues él es Michael Jackson y debían hacerlo mejor que perfecto.
Conocía cada acorde de cada instrumento de cada una de sus canciones. Sabía perfectamente qué luces deberían ir en X lugar. Sabía cuándo la banda debía comenzar. Él controlaba. Era
su gira.
En resumen, cualquiera que ame la música y la calidad artística, debería verla para ver otra frontera de la palabra PERFECCIÓN. Si eres fan de Michael... no sé qué haces aquí sin haberla visto.
Grandisísimo Michael, jamás habrá otro como tú.
Gracias por todo.